jueves, 17 de septiembre de 2009

EXPLOSIÓN DE CÁDIZ



En estas imagenes se puede apreciar lo que vivimos los gaditanos en aquella trágica fecha


El día 18 de agosto del año 1947 explotó un polvorín de la Armada en Cádiz, España.

La magnitud de la explosión fue tal que el fogonazo pudo verse desde el acuartelamiento militar español ubicado en Monte Hacho (Ceuta). Se formó una nube de hongo visible desde toda la Bahía de Cádiz, Huelva y algunos pueblos de Sevilla. El ruido de la explosión fue oído hasta en la propia capital hispalense.


A las diez menos cuarto de la noche del 18 de agosto de 1947, una detonación, provocada por unas 200 toneladas de trinitrotolueno, tiñó el cielo de un rojo intenso sobre la bahía de Cádiz, escuchándose una ensordecedora explosión que segó vidas sin distinción de edad ni sexo y destruyó viviendas de toda condición social.


La onda expansiva arrasó el barrio de San Severiano, la Barriada España, los chalets de Bahía Blanca, el Hogar del Niño Jesús (Casa Cuna), el campo de la Mirandilla, el sanatorio Madre de Dios, los cuarteles y los astilleros en los que se produjeron explosiones menores. En la Casa Cuna murieron muchos niños y hermanas de la Caridad.


En los edificios de los alrededores fueron sepultadas familias enteras. El centro histórico se salvó gracias a la Puerta de Tierra, muralla que en 1947 disponía de un solo vano, que pudo amortiguar el empuje de la onda y evitar así que los daños y las víctimas fueran mayores.


En un primer momento, las gentes del lugar corrieron hacia el cercano muelle creyendo que había volado el guardacostas "Finisterre", atracado con un cargamento de pólvora, pero se comprobó que estaba intacto. Entre la confusión, se corrió la voz por La Carraca de que lo que había volado había sido el crucero Méndez Núñez, hecho que pronto se desmintió.


La explosión había tenido lugar en una zona, entre Cortadura y las murallas de Cádiz, donde la Armada disponía de unos polvorines que contenían unas 1.600 cargas explosivas, minas en su mayoría y cargas de profundidad, pertenecientes a la Guerra Civil. Salvo 491 de ellas que no explosionaron, las restantes reventaron prácticamente al unísono, provocando la mayor catástrofe que se recuerda en Cádiz desde el maremoto de 1755.


Dichas minas y cargas de profundidad llegaron a Cádiz en el año 1943 desde Cartagena y fueron estibadas en dos almacenes próximos entre sí en las instalaciones de la Base de Defensas Submarinas de la Armada. Durante el traslado se observó que el estado de las mismas era preocupante, pues su aspecto exterior evidenciaba un gran deterioro, con pérdida de material y exudación.


Para hacer frente a la catástrofe, se envió desde la ciudad vecina de San Fernando un equipo de auxilio en el que figuraba un grupo del Tercio del Sur de Infantería de Marina.


Las fuerzas de la Armada, Ejército, Infantería de Marina y la Guardia Civil, fueron empleadas principalmente en tareas de recuperación de los cuerpos de los fallecidos, rescate y traslado de heridos a los puestos de socorro, desescombro de las ruinas en busca de víctimas, extinción de incendios y protección de las viviendas destruidas o abandonadas para evitar su saqueo.


Inicialmente, llegó a correr el rumor de una nueva explosión procedente de otro de los almacenes de minas que no había explotado, cuyo cobertizo y parte de las paredes habían desaparecido por efectos de la onda expansiva, surgiendo además en sus inmediaciones algunos focos de fuego. Un joven teniente de Infantería de Marina, Francisco Aragón Ruiz, para tranquilizar a sus hombres y mostrarles que ya no había peligro, se sentó tranquilamente en una de las minas sin estallar y encendió un cigarrillo con una cerilla que rascó sobre ella.


Las cifras oficiales, probablemente menores a las reales, estiman que hubo unos 150 muertos, entre ellos 25 operarios de astilleros, más de 5000 heridos y en torno a 2000 edificios dañados, de los cuales 500 quedaron completamente destruidos. Algunos edificios representativos de la ciudad, como la Catedral o el Gran Teatro Falla, sufrieron numerosos desperfectos. La zona de extramuros quedó demolida en su casi totalidad.


La versión de los distintos gaditanos entrevistados tras el suceso no coincide con dicha estimación, declarando que el número de víctimas, tanto mortales como heridas, fue mucho mayor que la cifra oficial.


Las principales industrias de la localidad quedaron arrasadas, como Gas Lebón o los Astilleros de Echevarrieta y Larrinaga. Las instalaciones militares de la Armada del barrio de San Severiano, origen de la explosión, y otros cuarteles militares, como los de la infantería en el cercano barrio de San José, sufrieron importantes daños causados por la onda expansiva.


Diversas infraestructuras quedaron muy maltrechas, interrumpiéndose todos los suministros básicos y las comunicaciones a excepción del tráfico por carretera hacia el exterior de la ciudad. La vía férrea desapareció en el tramo a la altura de la Base de Defensas Submarinas; los postes del tendido eléctrico salieron, literalmente, volando, y se produjo un apagón general. La red de suministro de agua reventó, dejando sin abastecimiento a toda la población, y lo mismo ocurrió con las líneas telefónicas.

1 comentario:

  1. uuuuu, esto sigue adelante por lo q veo...sigue así, ánimo eres una experta infrmática jeje muak

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